miércoles, 21 de octubre de 2015

Adultez for dummies

Cuando tenía como 4 años tenía una manía... estúpida. "Cosa de nenes", pueden decir. Yo lo recuerdo a la distancia y me sigue pareciendo estúpido. Se los comparto.
El escenario era siempre el patio del Jardín 903 Rosario Vera Peñaloza de Arrecifes, donde hice los 3 años previos a la escuela. Recuerdo que por esa época observaba a los adultos y sus expresiones, palabras... Estaba ese movimiento que automáticamente me apartaba de su manada. El juntar las cejas, fruncir la boca y seguido de eso, acercar la muñeca izquierda a los ojos. Sí, mirar la hora
Me parecía tan exclusivo, misterioso y extrañamente interesante. Sabía que algo había detrás de ese baile majestuoso. Una preocupación, un deber. Una duda que me moría de ganas de sacarme pero que, al mismo tiempo, no sabía cómo formular porque, claro, tenía unos 4 años. Lo que sí sabía con seguridad era que algún día lo iba a entender. Un día lejano, allá por el año 2058... o más aún!



Esa era mi definición de adultez: tener una preocupación que los nenes no saben porque no entienden y porque son... nenes.
Resignada a esa conclusión, no me afligí. Muy por el contrario, me pareció copado hacer lo mismo sin entender por qué. Volviendo al patio del jardín, entonces, veía una víctima (otro nene/a) y cuando creía que estaba lo suficientemente cerca mío, hacía el movimiento mágico. Lo hice muchas veces como una idiota, muchos días, supongo. Hasta que una tarde de esas, "hago mi magia". La víctima Nº 32 se acerca a mí y me dice sorprendida: "¡¿Tenés reloj?!"(Pregunta implícita: "Sabés la hora? Sos grande? Tenés preocupaciones? SOS UNA DE ELLOS?". Le dije "No", y nunca más hice esa pelotudez.

Hoy a los 24 años y midiendo 1, 87 (bueno, no) me doy cuenta de que no estaba tan errada con esa definición. Aunque sí me faltaban algunos aspectos que no tenía idea que existían. Sin ir más lejos, por ejemplo, este domingo tengo que ir a votar y aunque me de por las pelotas tener que viajar sólo por eso, igual voy contenta porque, como algunos sabrán, no voy a hacer más que entrar al cuarto oscuro y agarrar la boleta que tengo en mente.
Muchos preguntan a los demás a quién van a votar, buscando complicidad, supongo. Otros, cual salvador de la patria, quieren convencer de a quién votar y a quién no. Se basan en cálculos de numeritos de acá, sumas de porcentajes de allá, y algunos comentarios apelmazados que escuchan de personalidades de la oposición. Ah, y cómo olvidar los videitos! Sí, esos que se hicieron virales en los últimos días. También hacen cuentas predictivas y todo eso.
En pocas palabras, te dicen que votes a Macri para que no gane Scioli en primera vuelta. "¡Por lo menos, que gane después de un ballotage! ¡Que sufra un poco aunque sea, viste! No sea cosa que se la estés haciendo muy fácil vos, ciudadano ignorante que vota de forma inútil." Bueno, ese sería el fundamento de muchos hoy.

Pero ¿qué pasa si te digo que ningún voto es inútil, que no se trata de armar un complot de unos contra otros, que el voto es personal (ni siquiera familiar)? No sé ustedes, pero el gusto que a mí me deja todo esto es el de la misma grieta que estamos viviendo hace rato. Que gane Macri no va a solucionar eso, si gana con el motor del complot, del descarte. ¿Se entiende? Si lo votás, que sea porque querés que él sea el Presidente, y no porque NO querés que Scioli lo sea. Parece boludo pero pensalo, no lo es.
Yo no voy a votar a Scioli porque no quiero que sea Presidente, a Macri tampoco, y es por el mismo motivo. Voy a votar a una persona que veo capacitada para ese puesto. Mi voto es POSITIVO (espíritu de Cobos, salga de aquí) porque quiero que pasen cosas, y no porque NO quiera que pasen cosas. Vuelvo a preguntar, ¿se entiende la diferencia?
Claro, al contar los votos no pesa más el tuyo por tus fundamentos. Es un número más, lo sé. Pero ese número puede modificar la forma en que esté compuesto el Congreso, ¿les suena?. No me importa si la persona a quien voy a votar no llega a la meta, de todas formas la estaría ayudando a que tenga más espacio en la Legislatura, lugar donde se toman decisiones democráticas por el resto de los siguientes 4 años. Y de eso se trata la democracia también, no solo de elegir al Ejecutivo.

RESUMIENDO
Scioli está puntero en todas las encuestas, es un hecho. También que va a ganar. Puede que en 1ra vuelta nomás o en 2da, no sabemos. Si gana el 25 y sos de los que comparte videos de explicación express, esto es para vos: no te enojes con los que no votaron a Macri. Ellos (nosotros) también son ciudadanos que, a pesar de que no opinan como vos, participan de otra forma pensando más a futuro, quizás. Porque no se conforman con votar cada 4 años al presidente, también piensan en los otros poderes y cómo pueden influir si funcionan como la democracia manda-----> Multiplicidad de voces. No está mal! ;) Déjennos ser y no pretendan que seamos iguales en ese aspecto porque, insisto, NO ESTÁ MAL pensar diferente. 

Y para hacer un puente con el tema con el que empecé, poso mi mano sobre el celular con cara de preocpación para ver la hora. Oh, es hora de tomar un fernet. A esa no la tenía a los 4 años...



jueves, 9 de julio de 2015

Queen of bikes and thoghts and deep lyrics

Después de tantas vueltas, finalmente, encaré el baño. Debo confesar que me cuesta bastante meterme a bañar en días fríos como este, pero tomé coraje y cerré la puerta. No tardó en salir ese vapor que te invita a entrar a la ducha. Sin embargo, meto una mano y... no. Falta temperatura.
Pasaron unos segundos en los que permanecí desnuda frente a la ducha como idiota -y qué mugre tiene este videt- hasta que creí que ya era hora de meterme.

Mi momento preferido del baño: sentir ese abrazo de agua casi hirviendo que me deja la piel roja, pero no me importa, es un mal necesario. Y digo "mal" porque dicen que para los que tenemos problemas de circulación es bueno dejar correr un chorro de agua fría por el cuerpo antes de salir de la ducha. No me parece agradable... Seguiré con mis manos y pies fríos hasta cuando hace 40ºC., tampoco importa mucho.
Como decía, entré a la ducha y me hundí en un estanque de reflexiones un tanto insistentes. Bueno, de vez en cuando, un alarido parecido a lo que definen como cantar. Pero rápidamente esos pensamientos otra vez. Es que merecían su lugar y se los dí porque eran alentadores.
Biiiicycle, biiiiicycle, biiiiicycle - que me siento muy feliz por recibir buenas vibras. Están los amigos, hermanos de la vida, esos que nunca fallan, o que a veces sí, pero qué hermoso es estar tranquila de saber que no me van a clavar jamás un puñal por la espalda! - I want to ride my biiiiiicycle, biiicycle, biiiicycle - pero algo muy gratificante es enterarse que gente que no conozco también me genera lo mismo, sin siquiera haberlo esperado porque no los conozco, claro. ¿Y por qué lo hacen? Hay gente desinteresada, qué linda es esa gente. Me dan ganas de abrazarlos - I want to ride my bicycle, I want to ride my bike. I want to ride my bicycle, I want to ride it where I aaaaaaaam! - Pero... malas vibras. Por qué hay personas que hacen todo lo contrario? Malas vibras. No siempre son mala gente, pero cuál es su motor, ese que los impulsa a generar situaciones incómodas, innecesarias y hasta evidentes? - Bicycle races are coming your way, so forget... naranaranaraaaaa - No lo entiendo. ¿Qué ganan? Si nadie se da cuenta, nada. Si alguien se da cuenta, algo. Y siempre algo malo. ¿Por qué? ¿Para qué? -Biiiicycle, biiiiicycle, biiiiicycle - En fin, no puedo controlar eso. - Biiii - Pero, ¿por qué? ¿para que? Malas vibras, a veces, mala gente - I want to ride my biiiiiicycle, biiicycle, biiiicycle - Pero después... gente linda, desinteresada, abierta, buena, a veces tiernamente malvada, pero todos tan abrazables!- I want to ride my bike!

sábado, 21 de febrero de 2015

Viernes 3 am

Estaba forzosamente concentrada leyendo Utopía y de repente tuve esta situación en la cabeza que no sé si catalogar como recuerdo, sueño recordado o imagen sin origen aparente que logré visualizar. En vano me empeñé en retenerla en mi mente, porque tristemente, al cabo de unos segundos terminó por esfumarse.
Se trababa de un local con paredes negras y telas de colores colgando de un techo, a modo de decoración. Cielo gris, poca gente. Realmente, no creo haber visto esa escena alguna vez.

De a poco el sueño se iba apoderando de mí, lo cual asocié con una clara señal de "cordura". Sin embargo, al mirar a un costado, observo lo que pensé que era un perro acurrucado. De forma no muy inmediata, me doy cuenta que se trataba de una pila de ropa amontonada. Uno de esos jueguitos que le gusta hacer a la mente para saber si estamos viviendo en modo manual y no automático. En mi defensa, puedo decir que no estaba ni en uno ni en otro. Sino en extrema percepción visual y auditiva, como me suele pasar.(*)

Se me querían cerrar los ojos y casi me dejaba llevar por mi necesidad de introspección, cuando mi gata de repente saltó a mi cama como lo suele hacer: fantasmagórica. Me repongo por unos segundos hasta que en seguida el sueño comienza a apoderarse de mi. Quedo en la página 86 del libro y no estoy segura ya de qué estaba hablando don Moro. Ah, sí. De un método para combatir los robos. Trabajos de agricultura y demás. "Pff, utópico.", me digo una y otra vez, y ahí nomás me propuse sacarme de la cabeza ese concepto, ya que no tendría gracia continuar leyendo. Tengo entendido que el término "utopía" tuvo origen en este libro.

El sonido que hace el inodoro con el agua parece que se reprodujera dentro de un caracol. "Lleva el mismo ritmo del ruido que hacía la michi cuando rascaba la puerta para salir", pienso.

Siento que mis pensamientos se van chocando y comiendo unos a otros. A veces sin dejar de terminar la idea, como esos conductores de programas que se pisan entre sí dejando en evidencia la falta de profesionalismo.

Uno dice las cosas 5 segundos después de pensadas, o tal vez un poco menos, pero siempre en ese orden. Lo cual no es mucho tiempo si se trata de ideas poco claras. Por eso la equivocación al hablar muchas veces, seguida de disculpas y arrepentimientos.

La palabra que viene confunde la que estoy diciendo. siento que no voy a poder dejar de escribir todo lo que me pasa por la cabeza a menos que dé un corte definitivo. Un circulo vicioso imposible de esquivar.

Mucho tiempo acumulado sin escribir puede ser la razón de este sinsentido innecesario para todos; necesario para mí. El sueño no me deja dormir en paz, porque para eso debo llegar al punto del presente escrito y, como dije, es algo difícil. Y con sueño, tanto peor. 

Me rindo, debería aprovechar que mis pupilas se ponen cariñosas y dejarme llevar por alguna imagen tranquila. O por esa de la que (ahora recuerdo) en un principio describí.

Me saqué una foto porque me parecía injusto visualizar todo con tanto detalle, menos mi propia cara, la cual, de hecho, debe ser muy graciosa y lamentable.



(*)Una vez pensé que el sonido me envolvía. como si alguien estuviera girando los parlantes alrededor mío.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Canción

Canción, masoquismo encubierto
Canción, mi más preciado alimento.

Qué trivial es buscar fundamentos
Qué vivaz el recuerdo de lo lentamente muerto.

Canción, tan anónima como el viento
Canción, tan propia hoy te siento.

jueves, 9 de octubre de 2014

Parece una parábola del girasol, pero fue sin querer

Combinación aleatoria: frío y gris
Resultado: según el contexto

Ya no me hace falta llegar a casa, soltarme el pelo y andar en patas. Ni sentir la lluvia de la ducha deslizándose por el cuerpo, sin acordarme de que me estoy bañando.

Un suspiro, una canción y hasta una charla que carece de -mi no tan valiosa- atención son suficientes para ese escape necesario. Tan necesario como impulsarse con los pies desde el fondo del agua para llegar a la superficie y respirar desesperadamente. Todo me succiona risas exageradas, aún sabiendo que no era para tanto. Ese afán por disimular una sensación sin un génesis aparente, ha hecho de mí un girasol; de todos nosotros un campo de girasoles.

Pero unos girasoles de los que giran de verdad, los que merecen en verdad ese nombre. Aclaro, porque están esos impostores, sin gracia, ni aroma, ni función. Bueno, sí funcionan bastante bien como contaminadores visuales para mis ojos que poco piden para saciar mi alma: espontaneidad, sinceridad y muchos más dad que hacen alusión a lo natural. Me cansé de lo artificial en su esencia, origen o razón de ser. ¿Para qué perder el tiempo con tanto plástico que brilla a costa de la luz que lo rodea? Si es mejor un suave resplandor con luz propia, digno de admirar.



Será por eso que desconfío de la gente que tiene flores artificiales como... "decoración". Se les asignó un solo trabajo desde fábrica, y son terribles en eso. Tan estáticas ahí, y frías como ese chorro de agua que limpia la cara en las filosas mañanas de invierno. Perfectas y artificiales. Por lo tanto, imperfectas. No me molesta su imperfección, más bien su pretensión de ser perfectas. Fiel reflejo de quien las compre. Igual nunca vi girasoles de plástico, pero entienden mi idea.

Hay girasoles que giran según el sol, que no es el mismo sol para otro girasol.
Hay girasoles que son el sol de otros.
Hay girasoles que tienen tantos soles, que no saben a dónde girar y se desnucan.
Hay girasoles que no giran y buscan un rayo de sol. Otros que no buscan.
Hay girasoles subestimados y reducidos a raciones de pipas.

A veces cansa tener los pies sobre la tierra. Se empieza a hacer barro, y en vez de disfrutar del olor a tierra mojada, se hace sentir el peso de las piedras que se fueron sedimentando con el paso del tiempo.

No intenten encontrar un lazo entre el párrafo de arriba y lo de los girasoles. No intentaba dejar una enseñanza. Como de costumbre, necesitaba un oasis de letras y justo se me entrometió ese pensamiento. Es que me embalé con lo de la tierra y... bueno.



sábado, 30 de agosto de 2014

Palabras más, palabras menos

Hace poco más de un mes que no aparezco por este blog y ya empezaba a extrañarme. Quizás porque nada me inspira últimamente, quizás porque nadie me hizo reflexionar sobre nada nuevo. Ya saben quienes ya me han leído antes que mi principal fuente de inspiración son los que me rodean, que aparecen por acá  casi sin que me dé cuenta. Les tengo advertido que pueden llegar a ser nombrados en este espacio. Y una vez más mis amigos, en una charla en whatsapp, me dieron las palabras justas para repensar acerca de lo que a veces no somos conscientes que poseemos.

Tal vez sólo dejé de escribir porque no tuve la necesidad, porque nadie me obliga ni me paga por hacerlo. Es por eso que escribo sólo cuando lo creo necesario. Admiro en ese sentido a los populares Vloggers que prometen a su amplia audiencia un nuevo video el mismo día de cada semana, y encima con un tema a elección. Ah, a ellos sí les paga el Sr. Youtube.

Sea cual sea el motivo, mi punto es que podría escribir cuantas veces se me cante en el día acerca de lo que quiera, porque estamos en un país que, a costa de muchas cosas, todavía nos permite la libertad de expresión y pensamiento. Tenemos el espacio que se nos plazca para saciar nuestra necesidad de desparramar palabras concienzudísimas por doquier, por el simple hecho de que pisamos y habitamos este suelo que nos da ese derecho.

Muchos no valoran esto todavía, porque desde que nacimos siempre fue así para mi generación y las posteriores. Vemos su prohibición como algo del pasado que difícilmente vuelva porque visto está que no lleva a nada. Que estamos en el siglo XXI, y que volver a ese tipo de represión es retroceder todos los escalones que avanzamos, más uno. Me atrevo a decir que la gran mayoría estamos de acuerdo con esto y que el nivel de globalización actual difícilmente permita que se esconda así nomás una falta a este derecho, como bien sabemos que hay naciones así. Tal es el caso de Venezuela, que su gente se informaba de lo que pasaba en la plaza principal de Caracas por los medios de otros países, como el de Colombia. Y hablo de hace apenas unos meses, febrero si no recuerdo mal.

No quiero explayarme demasiado en ese tema porque tendríamos que hablar también de la censura que todavía existe al revisar cierta información antes de ser publicada (sí, eso también es censura). Pero eso es un capítulo aparte, y ni siquiera quería llegar ahí.

Cuando vas creciendo, aprendés que cuantas más libertades te dan, más responsabilidades tenés.

Bueno, con ese criterio, yo creo que lo mismo pasa con este preciado derecho que tenemos.

¡Ahhhh...! La libre expresión ¡Qué joya de estos tiempos, que liviana me siento diciendo lo que se me canta! ¿no?

Pero debo decir que algunos se lo toman demasiado a pecho.
El agua es buena para nuestro cuerpo, pero en exceso, puede provocarnos una sobrehidratación. Ejemplo boludo para reafirmarles que cualquier cosa (hasta lo que tiene buena fama) puede ser nociva si se la utiliza en exceso.
No estoy queriendo decir con esto que haya un exceso de libertad de expresión, sino que no se es responsable la mayoría de las veces de lo que ésto conlleva. No quiero que se me mal interprete, por favor. Soy la principal partidaria de decir lo que pensamos, sea quien sea. De hecho, lo practico a diario y llegué a un punto en mi vida en que son pocas las opiniones que me guardo, sobre todo si me las piden.
Cualquier opinión es válida, siempre que se la tome como tal: una OPINIÓN, y no una gran verdad.
Ninguna es más opinión que otra, ni más verdadera. Todo se basa en qué fundamentos tengas. Y así y todo, tenés que respetar a quien, sin escrúpulos ni conocimiento, te da una opinión, porque es eso y nada más.

Creo que hasta ahí no dije nada fuerte ni descubrí un misterio de la humanidad. Es una regla básica si querés vivir en mínima armonía con la sociedad.
Como dije anteriormente, sos responsable de lo que sos libre de hacer. Mucho más si sos un/a grandulote/a con un cerebro que procesa información y no se limita a recibir pasivamente.
Entonces si tenés los órganos suficientes para dar una opinión con todas las letras y fundamentos que creas necesarios, también tenés que saber que eso puede traer consigo el desagrado de muchos de los presentes ante tu discurso ejemplar (pero parcial).
Podés decir que no te importa que a alguien le caiga mal, y está perfecto porque te muestra como una persona íntegra y segura de sus pensamientos. Pero no esperes un camino de rosas o una corona de laureles.

Esto no intenta ser una clase de moral. No porque sea la menos indicada (no lo soy, trato de no faltarle a la moral), sino porque es una opinión, y nada más.