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jueves, 16 de mayo de 2013

Ventana de por medio

Hoy escribo porque me siento mal. Y me siento mal porque creo que estoy usando a alguien. A ese alguien le pido perdón, ya que recién esta mañana me di cuenta de mi descarado gesto. Ver a dos personas hablando en el medio de la calle y no en la vereda fue un momento de lucidez extrema.


Le pido disculpas al Sol, bola de fuego que me irrita en verano cuando me agarra desprevenida y no tengo un árbol en vista. Me arrepiento de haber dicho con tanta soltura que los días de lluvia me hacen felices al empatizar con mis pensamientos; porque lo que indirectamente doy a entender es que entre nosotros no nos acompañamos.


Sin embargo, esta mañana vi a estas dos personas hablando muy tranquilas prácticamente entre el paso de los autos, porque la sombra les congelaba hasta las pestañas. Ahí lo entendí todo.


Me siento abusiva de la amabilidad desinteresada del Sol que, ventana de por medio, tiene que lidiar con el otoño porque sacó a relucir sus celos con una bocanada de frío que hasta duele. 


Le pido perdón, entonces, a este ente que me acaricia religiosamente todos los días y yo me doy el lujo de ni siquiera percatarme. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Fábula muda de las estaciones

No quiero caer en la redundancia, ya que hace exactamente un año escribí sobre el mismo tema: el otoño. Pero son estas acciones las que me hacen dar cuenta de que hay cosas en la gente que no cambian… ¿o seguiré siendo una inmadura? El tiempo dirá.


Para quienes no hayan leído qué tiene de increíble esta época del año, acá dejo el link:


http://rachasdeluz.tumblr.com/post/19677037119/simplemente-extraordinario



Soy de esas personas que le quieren encontrar la explicación a todo, aunque cuando se la den, no la entienda del todo, como sería el caso científico… Pero me deja más tranquila siempre saber que lo que nos rodea no es obra de la combinación azarosa de acciones, sino que hay algo más. Eso que por ahí necesita ser rasgado un poquito  para hacerse ver.


De no ser así, la mayoría de las cosas no tendrían sentido. O peor aún: la vida no tendría sentido. ¿De qué me serviría, por ejemplo, ponerme zapatillas si los pies mantuvieran su temperatura y no se llenaran de ampollas?*


Por eso, creo que he caído en lo que los conductistas llaman la “caja negra”. Ese sombrío lugar en la humanidad que empuja hacia una caída libre infinita a ciertos temas.


Temas que tampoco les interesa llevar paracaídas por las dudas, porque están esperando desde siempre ese momento en que un ocurrente descubra, de la manera más absurda, su por qué.


No es tanta mi emoción cuando termina el otoño, como cuando recién comienza a dar indicios de su llegada. Más bien, se convierte en algo más parecido a la depresión, porque para junio los días ya están teñidos de grises invernales.


En alguna ocasión, también mencioné que el sentido sin el que sobreviviría seria la visión. ¿Será lo pintoresco de las hojas semi secas al contraste con el cielo lo que me pone hasta eufórica?


Lo que sí puedo afirmar con toda seguridad es que aquí está el flamante otoño, con sus colores cálidos por doquier (el único término que conserva del verano) esperando a ser asesinado por el temido invierno, quien terminará con su encanto, influido por el odio acumulado desde el comienzo de la historia.



*No me vengan con el tema de la moda, porque no habría mejor moda que andar en patas.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Simplemente extraordinario

Hoy la temperatura es un poco más soportable, los arboles de a poco se van a ir cubriendo con sus copas amarillentas, como así también pronto lo hará el suelo. Los días toman un tinte grisáceo, melancólico. Uno se torna tan nostálgico, que vive esos pequeños momentos tan únicos que te hacen poner de buen humor. Son los que uno debe de aprovechar una vez que se dan, como si nunca fueran a volver. Por ahí no, tal vez vuelven en forma de algo que ni siquiera nos imaginamos.


Lo que se siente al pisar una hoja seca con su ruido crujiente es algo simplemente inexplicable. Espero no estar quedando como una paranoica diciendo esto, pero si tengo que llegar a un lugar caminando en línea recta, no voy a hacerlo de esa forma si eso no quiere decir que vaya a pisar hojas secas. Iré en zig zag, como una obsesionada buscando un camino rebuscado para que se escuche cada paso que doy.


Es un lujo que me permito porque una vez que se hayan caído todas las hojas de cada árbol en la ciudad, entonces ya no lo podré hacer y tendré que esperar al año que viene.


Hoy empiezo mi día así: mate, cielo gris y buena música. ¿Hay acaso algo mejor que eso?