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miércoles, 3 de julio de 2013

Non-fiction Thriller!

Está claro que el crimen perfecto no existe. Vueltas más, vueltas menos, se termina descubriendo. Mejor ejemplo que el crimen de la familia Clutter creo que no hay. Aunque los asesinos no eran muy lúcidos. *
Por ahí, en algún caso no se ha sabido la verdad para salvaguardar al incriminado. Sea por su fuerte influencia en la justicia o para tener una reserva de bomba para más adelante.

Intentando leer tu mente mientras lees, te doy la razón. El caso de Angeles Rawson me trajo a escribir, la joven a la que ni siquiera muerta dejan en paz. Y si no estabas pensando en eso... bueno, ahora sí.
Su ya hinchado y maloliente cuerpo pasa por innumerables investigaciones desde su defunción y posterior hallazgo. Y sí, eso es lo que se debe hacer cuando a alguien (o algunos) se le canta callar voces. Porque no se me ocurre otro motivo, por lo menos, sabiendo lo que se da a conocer. A no ser que sea su hobby. ¿Qué? Hay algunos que son rarísimos.
Pero lo que más me indigna es ver a la gente siguiendo el caso cual novela de Cris Morena, viendo qué más se sabe en la siguiente edición del noticiero. Ah, y otra cosa: ver CSI (Miami o NYC) o Law and Order, no te convierte en detective calificado para andar armando hipótesis sobre cuántos golpes le dieron a la piba o -esta es mortal- si el portero es el culpable por los rasgos que lo caracterizan con los de un criminal. WTF!!??
Esas fueron cosas que leí de la gente que comenta las noticias.
Los que se horrorizan diciendo "¡qué barbaridad!" cuando leen sobre un hecho morboso son los mismos que siguen la novela porque "hay que estar informado". Dale.
Por favor, no quiero que nadie salga creyendo que me parece mal que la gente piense. De hecho, es algo que a lo largo de este blog se puede comprobar que trato de incentivar (y a mí misma, obvio). Valoro la facilidad que muchos tienen para imaginar realidades paralelas. Eso los hace personas por demás creativas. Pero si con eso no construyen nada...

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. 

(Proverbio de la India)

*El crimen narrado por Truman Capote en su famoso "A sangre fría". Si no lo leíste, no sé que estás esperando.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Daddy Yankee, un poroto


“Yo nunca me choco con la realidad”, me dijo Pedrito Tabuenca el otro día, y está rebotando en mi cabeza desde entonces. Debo admitir que mi primera reacción ante tal confesión fue sentirme levemente insultada. ¿Cómo se atreve a decir eso? ¿Me va a decir que nunca se desilusionó con alguien o algo? ¿No? Bueno, después de todo, qué culpa tiene el buen hombre de tener la dicha de ver hecha realidad su vida imaginada… También se me había ocurrido que tal vez tiene expectativas demasiado bajas. ¡De esta forma, la realidad siempre las supera! Está bueno eso.
Pasa que algunos somos soñadores compulsivos, y pensamos en detalle absolutamente todo. Todo lo bueno, obvio. Imaginarse a la perfección una vida miserable se siente como ponerse a hacer un trabajo práctico un domingo a la tarde. Pero esos trabajos pesados, pesados eh… Misión imposible.
Para cuando esa esfera semejante a un limbo se encuentra con la realidad, toma la consistencia de una burbuja. Frágil y sin sentido, se ve obligada a explotarse para el bien de todos (o para el propio, por lo menos).
Entonces, mi siguiente reacción a la expresión de Pedrito fue que ese hombre no estaba siendo otra cosa que sincero. No siempre lo que imaginamos a la perfección es lo mejor. ¡Las veces que me habré salvado de mis propios deseos! Y tantas otras que me creí una gran diseñadora de realidades paralelas.
En fin, sabias palabras las de Pedro. No de gusto lo quieren tanto acá. No estoy segura de haberlo entendido por completo, aunque a él le dije que sí (entiéndanme, no quería que pensara que tengo un retraso mental). Sin embargo, algo me quedó claro: la realidad supera la ficción… y los sueños. Mientras tanto, me mantengo a la defensiva. Esto me supera.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Atando cabos

Estaba sentada ayer cuando recién empezaba la clase de problemática social, política y económica contemporánea (sí, todo eso es el nombre de la cátedra), simplemente “Problemática”.


Antes del que el profesor comenzara con la clase, leía rápidamente mis apuntes tomados la semana pasada. El apuro de escribir todo lo que me parece importante de lo que dice el profesor hace que mi letra no sea muy legible, pero como soy consciente de eso, me tomo el trabajo de resaltar de alguna forma las palabras claves. En fin, nada de otro mundo y supongo que a muchos de los que escribimos todavía en hoja de papel nos pasa.


Las últimas dos clases fueron sobre la democracia: cómo y dónde surgió, qué implica, qué riesgos acarrea…


Una y otra vez veía una palabra que, como dije antes, escribía en mayúscula, subrayaba, hacía recuadros para que quedara bien clarito que no se me podía pasar por alto: CORRUPCIÓN.


Reconozco que suelo mezclar las declaraciones de los profesores con las conclusiones o asociaciones que yo hago por mi cuenta, pero puedo diferenciar una de la otra. Cuando vuelvo a leer, me acuerdo qué pensaba cuando lo escribía.


Entonces, volviendo a lo que me condujo a escribir hoy, recién ayer, haciendo un escaneo rápido de esa letra desastrosa, pude notar este fenómeno. Y digo recién ayer porque las dos clases anteriores escribí cosas aisladas, sin pensar. Simplemente no tuve tiempo de sentarme a ver qué había escrito antes. Así que iba las últimas clases, escuchaba y escribía sin relación alguna.


Es por eso llamo mas mi atención que a pesar de haber escrito sin asociar nada de clases anteriores, en todas ellas insistía en la corrupción.


En mi universidad no vas a ver inclinación hacia ningún tipo de partido político. Cada uno tendrá la suya, pero no es algo que se promueva acá, debido a la naturaleza de la institución. Y el profesor de esta catedra no es la excepción, pero sí deja siempre en claro que la corrupción conduce a la ruina de cualquier forma de gobierno. Parece no tener intenciones de ocultar este aspecto, y concuerdo con eso. Después de todo, ¿acaso hay alguien que piense lo contrario? No, mejor no contestes.


Keynes sostiene que el asistencialismo es necesario y de ninguna manera debe ser eliminado. Destaca dos tipos de asistencialismo: el genuino, que existe como un trampolín para el desarrollo; y por otro lado… ¡tan-tan-tan-tannnnnn!: la maniobra política.


Es una cuestión de dignidad. Es decir, el día que no se necesite más esa ayuda, se sentirá vergüenza por usarla pudiendo salir delante de manera digna y no como un mantenido.


Pero cuando no importa la dignidad de la gente, cuando ya se torna alevoso y descarado, entonces eso es corrupción.


Fragmentación social, aumento de sectores marginales, aparición de nuevas formas de pobreza (*)… ¿La causa? Adivinaste.


El gobierno autoritario pisa fuerte. Y del dicho al hecho, hay un largo trecho. Pero del autoritarismo al totalitarismo no tanto. Según mis apuntes -disculpen que cite mis pobres anotaciones-, este último es un exceso de poder tal que se mete en la propiedad privada y directamente en el bolsillo de la gente. Ah, y ya que está, en la dignidad también. ¿Te suena?


No es mi intención dar una clase de corrupción o, en su defecto, de vida utópica. Pero hasta en la nube de pedos que vivimos podemos darnos cuenta de que esto no concuerda con la democracia teórica. Entiendo que es difícil bajar a la práctica muchos proyectos.


Pero esto no es Democracia vs. Corrupción. Por lo menos no debería; corrupción no es una forma de gobierno, es una muy mala herramienta, de hecho. Esto es corrupción con un disfraz trucho de democracia.


Robar para fines mayores no te convierte en un puto Peter Pan. No se trata de mayor o menor corrupción, sino de corrupción.


(*)Che, suena lindo “aparición de nuevas formas de pobreza”. ¡Hasta parece innovador, Ja!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Resistencia vana

Si hay algo que me da terror de sólo pensarlo, es la ceguera. Personalmente, considero que la vista es el sentido más preciado que tenemos. Ya sé, todos y cada uno de nuestros sentidos tiene su función particular e irremplazable. Si fuera sorda, ya no podría escuchar música, algo que no puedo dejar de hacer ni siquiera un solo día. Por otro lado, me evitaría escuchar comentarios que parecen hacerme sangrar los oídos.


La palabra “sordera” me remite a mi bisabuelo. Claro, cualquier viejito puede tener sordera, pero sin embargo, sigue viviendo como si nada. Pero mi familia materna se caracteriza por el amor a la música, comenzando desde mi bisabuelo Baltazar, más conocido como “Balta”. Tuvo la dicha de vivir hasta los 98 años… ¿qué tal? Son incontables las veces que me relató sus participaciones en eventos importantes en la ciudad, tocando ese instrumento que tanto amaba: la batería. Él formaba parte de la banda municipal y no había nada que le llenara más el alma que hacer música.


De a poco, con los años, fue perdiendo la audición a tal punto que había que gritarle al lado de su oreja para que escuchara (y viera con gestos extremadamente exagerados) lo que le queríamos decir. Debe haber sido un golpe fuerte para él no poder escuchar más aunque sea una sola pieza de jazz, o un partido de futbol por la radio. Pero se resistió hasta el fin de sus días a usar audífonos. ¿Orgullo? Puede ser. Pero me gusta más el término “aceptación”.


Volviendo al tema de la visión (*), o mejor dicho la ausencia de visión, recalca más los demás sentidos. El otro día en una clase escuchamos un radioteatro, y decidí escucharlo con los ojos cerrados. Diría que tiene casi la misma magia que leer un libro. Uno se hace en la mente imágenes del relato. También ayer a la mañana caminaba con muy buen humor al darme cuenta que la temperatura había cambiado completamente. Entonces cerré los ojos y sentí el viento frio de las 8, invisible pero haciéndose presente de otras formas. Lo mismo con el sonido, ese zumbido en mis oídos porque viene de frente.


Los demás sentidos se hacen más intensos cuando uno de ellos está ausente. La sensibilidad se despierta de otras formas, y entonces hasta parece bueno en ciertas circunstancias estar ciego.


Sin embargo, me sigue aterrando tener esa falta (**), porque nadie está exento a eso. Debe sonar fatalista, pero es la realidad. No me reconforta saber que los demás sentidos se agudizan, a decir verdad.


(*)Me voy mucho por las ramas. Perdón.


(**) Recién me doy cuenta de la ironía de esta expresión.