viernes, 17 de enero de 2014

The perks of being a chichón de piso

Dicen que las enanas tenemos carácter. Debe ser que la falta de estatura potencia cualquier estado emocional por el que estamos transitando. Sobre todo la ira... Me imagino esos tubos de GNC, nada más que en vez de ser gas natural comprimido, sería EPC (enojo en persona comprimido).

Cuando uno se encuentra en una situación límite, de esas que lo agarran desprevenido, hay que manotear los recursos que tenga al alcance de su mano. O su altura.

Cuando tengo que agarrar algo que no está a mi alcance en la cocina, me trepo a la mesada o, en un caso de extrema pachorra, un banquito no viene mal. Mi compañera de depto es bastante más alta que yo, así que casi siempre me termina alcanzando todo. Al principio eran reiteradas risas y chistes obvios, ya que debe haber sido primeriza en cohabitar con esta especie. Ya pasadas unas semanas, formó parte del diario vivir y todo fluyó como agua en garganta de resacón. :)

Otra situación que me está tocando vivir gira en torno a la moda. Son esas plataformas de aproximadamente 30 cm de alto, similares a los zancos, nada mas que un poco mas gruesos. Perfecto! Son cómodas, se usan y me hacen ver alta, dije apenas salieron. Pero me can-sa-ron. Tiré la toalla y volví a mis amadas ojotas. Eso sí, en los bares es notorio el desnivel. No importa, me la banco. Después de todo, ya todos saben la realidad. ¿Para qué mentir?



Mi moto tiene diversas fallas, entre ellas, a mi criterio, una esencial: bocina.
Esa mierda parece un perro afónico tosiendo. Vos dirás "es una bocina, nada más". Es mucho mas que eso.
Es la extensión de la voz del conductor en escenarios numerosos; tanto más para una enana que aparenta ser menor. 
Defensora de las leyes de tránsito (exceptuando lo del carnet; lo tengo vencido desde hace 2 meses), me violenta escuchar quejas sobre las motos, como si fuera un género estereotipado. Que se pasan por la derecha, que son una plaga, que esos escapes de mierda tendrían que prohibirse, que bla bla bla. Y tienen mucha razón. Pero, ¿qué pasa con los flamantes conductores de autos? Muchas veces atentaron contra mi vida casi estampillándome como mosquito en una puerta recién abierta. Miren por el espejo!! Yo no tengo, pero hago un leve movimiento de cabeza hacia atrás. Ya saben, como para... VER SI VIENE ALGUIEN.

Por el mismo motivo, hoy casi nos traga un auto. Justo cuando pasábamos, uno estacionado quiso salir, mirando para cualquier lado. Nuestra lógica reacción (la de tocar bocina) si vio coartada por el motivo antes dicho. Mi hermana venía manejando esta vez, así que hice de las mías. Como dije antes, hay que usar cualquier recurso, no importa si sos petizo o si no tenes bocina.
Seguí con la mirada al Sr. auto hasta que se dignara a mirar para adelante y ver la atrocidad que estaba cometiendo. Finalmente me miró y... creo que en ese momento si mi profe de locución me hubiera visto, habría estado muy orgulloso de mi. Modulé como nunca en mi vida y le tiré al aire un gran "pelotudo". Por lo general, otros sres. autos se dan vuelta y hacen de cuenta que no me vieron. Este pescó la fiebre Dakar y aceleró quedando casi pegado a mi moto. Quiso meter miedo y abrió su ventanilla: "Cuidado con tu boquita, que te puedo entender".  "Era para que me entiendas", le contesté, y con mucho cuidado, un gran fuck you apuntando a su espejo retrovisor me llenó el alma. 

No hay excusas para nada. Contá hasta 10 y acordate del entorno.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Bajemos un cambio

Si sos "kirchnerista", hacé de cuenta que no es el fragmento de un programa de TN. 

Si sos "anti k", pará, sé racional y no te dejes llevar por las emociones que obviamente el modelo te genera (y algunos medios). 

Lamentablemente, yo soy de las que no se sienten representadas por nadie. En algún momento sentí que podía sentir simpatía con cierto sector. Pero es triste que ya me sienta totalmente decepcionada con nuestros tan mentados líderes y sus planes a futuro. No me atrevo a escuchar esos proyectos, porque apenas pueden, los atrofian hasta ser lo contrario a lo que alguna vez dijeron. Siento que nos espera un futuro de mierda, y sé que no soy la única. Pero ese no es el punto...

Comparto este editorial para que lo escuchemos no como k, ni anti k, sino como argentinos. Porque, después de todo, los que no la votamos no podemos decir que queremos prescindir de sus servicios. Es la Presidente de todos, nos guste o no, y todavía falta.

Dejando la imparcialidad a un lado, no deja de sorprenderme el optimismo que la mandataria tiene. Es increíble... y no estoy justamente adulándola. Por lo menos hubiera compartido algunas palabras mostrando un poquito de dolor por el país el otro día en los festejos de la Democracia. Como para endulzar los oidos... Digo!

Les dejo, entonces, el fragmento de anoche de El juego limpio de Nelson Castro.


domingo, 1 de diciembre de 2013

¡A vos, quierosaberlotodo!

Léase lo escrito a continuación con voz reflexiva y no efusiva, ya que así fue pensado. De lo contrario, haga lo que se le cante el culo (eso también con la misma voz).

Qué hermosa es esa duda que motiva, y a la vez qué inútil.

La rutina es esa sed de saber cosas que nunca serán del todo comprensibles, aquellas con las que nadie tiene la última palabra. Nada está del todo mal… ni del todo bien. Es una inquietud de querer ponerle un punto final a lo que parece tan complicado al divino pedo, como si este mundo careciera de complejidad. “Los grandes hacen ver las cosas más complicadas de lo que son en realidad”, pensaba. Y lo sigo pensando –no soy tan vieja-. Debe haber un centro de creación de problemas para que los ignorantes nos mantengamos entretenidos por largas horas de pensamiento cíclico. Un tema cansa, ¡pero el stock es inagotable!

Esto me hizo acordar a la escuela. Te daba sueño el solo pensar en levantarte temprano todos los días, las integradoras, algunos profesores. No veías la hora de terminar. Pasan los años y finalmente encontraste esa línea divisoria entre el cielo y la tierra, ese horizonte tan lejano al principio… ¿y ahora? Sinfín de horizontes. ¡Qué problema! ¿”Qué problema”?

La vida es eso, supongo. Estar puliendo y cuestionando todo lo que se pueda, siempre que traigamos bajo la manga una propuesta de solución. Si no, chito la boca, cocorito/a.

Nunca fui la sabelotodo en nada. Siempre fui la quierosaberlotodo en casi todo, incluso en terrenos barrosos e inseguros. (Evidencia: clases de semiótica)

Sin embargo, cada vez que sabés algo nuevo, tenés también una nueva responsabilidad. Es el qué hacer al respecto. Esa delgada línea entre ser periodista de investigación o un chusma; abogado de la vida o la vieja que mira la calle desde su casa.

No hay que meter la nariz donde no te llaman, dicen. ¿Será que, como mi nariz no es pequeña, me entero hasta de lo que no quiero?

Saber algo y no poder hacer nada al respecto es peor que no saber nada. ¿Para qué saber todo si la mierda rebalsa? 

Les dejo una foto de Mahatma Gandhi, que no tiene nada que ver con esto pero siempre garpa y además lo respeto.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ese extraño momento II

Buenas tardes queridos lectores de este pedorro blog. Hoy, mientras me lavaba los dientes, pensé: "hace mucho que no escribo". 
¿Falta de tiempo? Na, siempre me lo hago para escribir.
¿Estrés? Nop.
¿Carencia de rachas de luz en este período tan fucking monótono e interminable del año? Exacto.

Paso a contarles lo que me acaba de pasar. Para quienes recién abren la puerta de rachasdeluz, el titulo de esta entrada se debe un poco esta. De todas formas, no es necesario leerla.

Resulta que...
Recién vi este video


Espectacular. Esa es la palabra que a una persona en su sano juicio se le puede ocurrir inmediatamente después de verlo. A lo sumo, la piel de gallina es otro comportamiento dentro de los parámetros de la normalidad. Pero no. Luisina tenía que llorar. Sí, lloré. Pero no una lagrimita. Lloré MAL. Pero eso no fue lo más raro. El tema es que no lloré de emoción, sino que experimenté la sensación más desencajada de mi vida. Sentía lástima para con...quién? Sigo anonadada.

Ese extraño momento en que una canción del Cuarteto de Nos describe a la perfección lo que te pasa
No tardé en darme cuenta de que lo que estos señores estaban interpretando era nada menos que el Himno a la Alegría. Después de eso, fue cuestión de atar cabos. ¿Les suena "lo malo de ser bueno"? Es la canción que suelo cantar con orgullo de principio a fin (Nunca me sé las letras de las canciones. Saberse una del Cuarteto de Nos es mérito doble, no??). En una parte dice "Escucho el himno a la alegría y me deprimo, no me alegro".


Una de dos: O los del Cuarteto de Nos son unos capos que prevén situaciones inusuales a simple vista sin sentido... O yo soy un espécimen que, además de tener hipersensibilidad, posee un nivel de pelotudez que la lleva a llorar en situaciones desubicadas.

jueves, 31 de octubre de 2013

Belleza subestimada

Me encontré contando las cuadras para llegar a mi destino. Eso me pasa cuando realmente no tengo ganas de caminar y no hay nadie con quien hablar.
Gris el pavimento, verdes las veredas. Nada raro. Verde, gris, verde, gris, verde, rojo, gris... ¡Tan hermosa! Una flor silvestre sin compañía estaba a punto de ser pisada por mí, por otro, de ser meada por un perro, andá a saber. Tras unos segundos meditabundos, cometí mi acto más egoísta: la arranqué. No soportaba las miradas punzantes de las que estaban rigurosamente plantadas y detrás de una reja protectora. Algunas grandes y genéticamente perfectas. Yo y mi espíritu protector de indefensos (más que yo). No lo dudé.
Llegué a clases y la pobre ya estaba achucharrada;  me sentí muy mal. Sin embargo, cuando la acortejaban, yo les decía "¡y es silvestre!". "¿Y qué es silvestre?", me preguntaban algunos.

Ahí me di cuenta de mi manía desde que era una nena de arrancar esas que están fuera del surco planeado, esas que, como en el caso de la roja, están solas en medio de tanto verde. Nadie las invitó, pero ahí están para recrearnos la vista, solamente porque son lindas y no tienen por qué ocultarlo. Te recuerdan lo generosa que es la naturaleza, hasta en medio de un bloque de cemento que limita el esplendor de un árbol. Ellas no necesitan mucho espacio para sobrevivir. A pesar de ser pequeñas, sus colores y el estar en manada las hace llamativas. No dependen del agua que les provea su dueño; son independientes.

Mientras la admiraba en mi camino, me preguntaba qué tienen las que venden en un vivero que no tengan las silvestres. La seguía mirando... Pétalos rojos y redondeados, centro amarillo vivo. ¡Ah, claro... el perfume! Ahí me acordé de unas que yo siempre arrancaba cerca del río Arrecifes, en la zona de los quinchos. Eran unas amarillas chiquitas, pero muy vistosas. No estoy segura de quién, pero me decía que las tirara, que eran feas. A mí me gustaban porque eran amarillas. Tras mi indiferencia, escuché un repentino "Les dicen culo de vieja". Seguía sin entender (tendría 4 ó 5 años). Fue entonces que me insistieron para que las huela...
Hasta el día de hoy, no entiendo por qué tiene que un aroma fea merecer el nombre de "culo de vieja". ¿Por qué el culo tiene que ser siempre oloroso y la vejez algo feo? Al margen...

Volviendo a la hipótesis del aroma, no siento que las rosas, tan aclamadas por un público cliché, tengan rico olor. Ni siquiera son tan lindas. Todas rígidas y demandantes. Se lucen de forma individual, pero no son autosuficientes. "Cuidado con las espinas... Si querés que se sequen, ponelas boca abajo... A mí me gustan blancas porque soy pura... Guarda con la helada que se queman". Baaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

lunes, 21 de octubre de 2013

Arriba

Cuando comencé a escribir esto, todavía me quedaban unas horas para seguir deleitándome con ese paisaje majestuoso. Si me hice este espacio para desviar mi mirada al papel, es porque en ese momento veía los cerros como un escenario lejano.

A mi lado, unas cuantas plantas con las que se alimentan las llamas. Recordándonos que ellas estuvieron allí primero, algunas posan al costado de la ruta, desafiantes. ¿Quiénes seremos nosotros, los humanos, para invadir su territorio? De todas formas, qué lindos bichos...
Hay algo en mí que, por más que me esfuerzo, no puedo evitar. Me enamoré de cada pueblo, y cada despedida era fuente de una profunda nostalgia. Una parte mía quedó allá. Pienso volver a buscarla... o a dejar todas.
Apartando la racionalidad a un lado, nunca me gustó generalizar; menos aún tratándose de personas. Es un vicio que todos tenemos, hasta el poseedor de la mente más abierta.
Debo admitir que nos cruzamos con gente, y mucha. Sí, todavía hay gente. Y no, el hecho de considerarte ser humano no te convierte en gente.
Los seres humanos respiran, comen, defecan, duermen y hasta mueren por su propio bienestar. Te venden un par de zapatos divinos y te dicen que son para vos. Te recomiendan un lugar porque seguramente te va a gustar. Pero no te sientas tan especial. Acordate: el ser humano dice y hace para su propia satisfacción.
La gente le abre las puertas al paraíso a una diminuta rata de llanuras monótonas. 
La gente nunca sospecharía el lujo que esto significa.
Con una sonrisa sincera y una charla entre amigos, es suficiente. No importa tu pasado ni de dónde vengas. Después de todo, nacimos donde nos tocó y -algunos amigos pueden reírse con lo que voy a decir pero- no es algo azaroso.
De no haberme criado donde viví, no podría sentir eso que, por ahí, sientan muchos.
Llené mis pulmones con olor a nada, porque ese es el verdadero aroma del aire puro. Lástima que no pude traer provisiones extra. Tomé agua con gusto a nada, porque ese es el verdadero sabor del agua. Agua de manantial que nos dibujó sonrisas en cuestión de segundos, cual padre abraza por primera vez a su hijo recién nacido. O cual hombre, muerto de frío y tras muchas horas de incertidumbre, logró prender fuego con la técnica de antaño.
A veces, por saber que estamos en el siglo XXI y con tecnologías que nos superan, estamos reacios a novedades. Nada nos sorprende, todo nos resbala. ¿Una vaca que vuela? Mirá vos...
Hasta que te topás con un paisaje de la puta madre y decís "Soy como una semilla de diente de león volando sola, en medio de tantas alturas". Sí, pensé eso. ¡No se rían! Eso me retraía y a la vez me no me excluía.



Continuará...