martes, 26 de febrero de 2013

El sentido de la vida y esas cosas

Todos creemos que tenemos la libertad de decir y opinar sobre cualquier tema, aún cuando no tenemos ni idea, o peor todavía: tenemos una vaguísima idea, y lo demás son puras especulaciones. Y no sólo creemos que tenemos esa libertad; la tenemos. De hecho, la evidencia está en esas discusiones interminables sin un acuerdo al final.


Habiendo explotado ya esa bomba de palabras filosas por querer inculcar esa “obviedad” al otro, tiramos la toalla. Y es entonces que se hace ese silencio reflexivo y nos damos cuenta de que esos minutos agitantes fueron nada más que un desperdicio de saliva, paciencia y tiempo.


Claro que no son pocas las veces que suceden estos episodios (casi siempre con la/s misma/s persona/s y sobre el mismo asunto).


No sé ustedes, pero yo termino haciéndome la misma pregunta: ¿Para qué? Tantos pensamientos rebuscados, distintas formas de explicar una misma cuestión, ejemplos prácticos, el esfuerzo de ponerse en el lugar de otros, y hasta la redundancia en los términos. Decime vos, ¿para qué?


 




¿Acaso vamos a cambiar el mundo, a ser escuchados por quienes tendrían que escuchar, o mejor aún: llegaremos a un acuerdo? ¡No!


Mucho tiempo estuve con este pensamiento, buscándole el lado funcional a todo. Como si nos fuésemos a deteriorar por pensar tanto, lo que no significó que dejara de pensar. 


Y justamente, esa era la clave: pensar.


¿Qué sería de todos nosotros si no pensáramos? ¡¿O si no discutiéramos?!


Necesitaba pensar en dejar de pensar, para darme cuenta de que pensar es lo que más nos hace sentir vivos.

martes, 12 de febrero de 2013

Obviedades Frecuentemente Olvidadas

Taparte las canas no te hace más joven.

Decirle ‘estúpido’ a otro no te hace más inteligente (lo leí en algún lado y me encantó).


El pasado no es antónimo del futuro.


Hablar mucho, a veces es decir poco.


Quejarte de todo no resuelve nada.


No todas las rubias son huecas.


No todos los que usan anteojos son intelectuales.


La moda es pasajera; el estilo, no. (También leído en no sé dónde)


Las influencias conducen, nunca obligan.


Toda mamá cree que su hijo/a es hermoso/a.


Llorar no es de nenas, sino de valientes que aceptan la derrota.


“Siempre que llovió, paró”, nos decía mi abuelo Balta.


El silencio también puede aturdir.


Nadie está libre de errores.


¡Cuidado! No siempre que buscás encontrás lo que esperabas.


Pensar nunca está demás.


Ensuciar a otro no limpia tu conciencia.


Estamos en una sociedad de soledad colectiva.


Estar feliz no es solamente reírse.


El debate ideológico no tiene ganador.


“Víctima” no es una etiqueta indeleble.


El tiempo no cura todo: o anestesia las heridas, o las infecta.


Que no veas el sol porque está nublado, no significa que no exista.


Los ancianos se dan cuenta cuando los subestimás

miércoles, 2 de enero de 2013

Actitudómetro

Pensamiento volátil:



Han pasado ya unos miles de años desde que la humanidad existe, y a pesar de eso, no ha habido todavía signos de un ser (humano) perfecto, ni lo habrá nunca. El día en que todos nos pongamos de acuerdo en quién es mejor que otro, vamos a aborrecernos a nosotros mismos a total consciencia. Y eso podría pasar… ah, sí: NUNCA. Porque a) somos egocéntricos y b) es una cuestión taaaan subjetiva.



Desencadenante:



Hablando de Fulano, caímos en la cuenta de que es una persona noble, que siempre está ahí cuando lo necesitan. “La rueda de auxilio” lo apodaba en joda una de las que hablaban. Sin embargo, otro dijo que el mismo Fulano ha recibido ayuda de todo tipo cuando lo ha necesitado en diferentes situaciones. Remarqué el Sin embargo porque sentí que lo decía a modo de restar sus buenas acciones. Además, nombró muchos otros Fulanos que harían lo mismo si alguien lo precisase; algo más que común, sobre todo en estos días.


Acoplándose a lo anterior, otra se ataja de cualquier reproche diciendo que si no ayudó en lo mismo que Fulano es porque no tiene tanto tiempo como él.




Reflexión:



Por un lado, ¿qué tiene que ver que le hayan devuelto los favores, o viceversa, que los haga en devolución de otros recibidos antes? Por otro, no entra en esta conversación el factor tiempo, cuando alguien necesita ayuda. Pude recibir favores de gente que saca tiempo del que ya no le queda. También he sabido entender cuando las razones son sinceras al recibir un no como respuesta.


Por lo tanto, deberíamos usar el actitudómetro más seguido, y la buena nueva: IT’S FREE! A mi entender, la mejor manera de juzgar. 


Río arrecifes. Almuerzo otoñal en verano

lunes, 31 de diciembre de 2012

“estamos como en la Navidad de Europa casi” dijo mi viejo

domingo, 9 de diciembre de 2012

A oídos sordos, palabras necias


Cuántas veces habremos escuchado que no se valora lo que se tiene hasta que se lo pierde… Tampoco le prestamos atención a esta maldita frase hasta que nos falta algo. Asentimos con la cabeza mientras la pensamos y recordamos aquellos momentos felices en que todo era bonito y nos chupaba un huevo la frase. Antes que nada, no quiero que se hagan la cabeza pensando a quién o qué fue lo que perdí y que ahora se me ocurre valorar. No, no se me murió un familiar, no perdí un amigo, ni mi mamá dejó de hacer comida rica. Es, en cambio, algo más personal todavía. Una parte de mí que ahora está muerta, nula, rebelde, y lo he notado desde hace ya 10 días: mi oído derecho.


Creo que en alguna de mis publicaciones anteriores mencioné mi terror a quedarme ciega algún día. No es que sea propensa, pero uno se imagina cosas espantosas de vez en cuando para valorar recién ahí las maravillas de la vida.


PARÉNTESIS…


Paso a contarles, en pocas palabras, lo que ocurre con mi oído. En un primer momento pensé que era un simple tapón de cera (desagradable, pero ya me pasó una vez por mi obsesiva limpieza). Pero el otorrinolaringólogo me desasnó diciendo que tuve un resfrío que tapó de líquido el conducto BLA, BLA, BLA y mi oído interno no tiene aire. Eso produce mi sordera, por lo que escucho un 20% y el otro 80% lo supongo. Por lo tanto, mis respuestas no siempre entran en el cuadro de coherencia de la conversación.


…CIERRO PARÉNTESIS


Al principio me fastidiaba bastante el hecho de no escuchar bien o soportar el chiste fácil, ese de las muecas, como si yo no escuchara nada. Pero anoche me dí cuenta de que las carencias tienen un sabor más que interesante.


Como les decía, fue anoche que compartí una cena con -entre otros- gente que conozco hace años y con eso no quiero decir que me agraden. Dar vuelta la cara cuando paso por enfrente, evitar mi saludo y caras raras no están dentro de mi definición de simpatía. Por ende, que me den besos y abrazos en público entre charlas insípidas ignorando lo anterior, es mi definición de falsedad.


Mientras comíamos, las charlas se fueron opacando con el hambre de a poco saciado. Cerveza va, pionono viene, una petición salvaje aparece:


(Persona Falsa): -Me (palabras confusas)…?


(Yo): -¿Cómo?


(PF): -Que si me alcanzás el destapador (todos se voltearon tras ver un intercambio de palabras entre dos personas que se repelen)


(Y): -¡Ah, sí, tomá! Es que estoy sorda de este oído (señalando el derecho, y un poco sarcástica).


La PF se sintió intimidada tras mi pregunta, ya que no tenemos más trato que el obligatorio. Tal vez pensó que le estaba tomando el pelo, pero juro que fue espontáneo. Aunque pensándolo bien…


Haciendo una evaluación de la noche, lo bueno de esto es que si decían mi nombre entre murmullos, no lo escuchaba. Si me pedían que me parara para buscar bebidas, entre que me repetían, ya iba otro y yo zafaba. ¿Qué más puedo pedir?


La sordera me trae beneficios, aunque molesta.


Así que a la frase no se valora lo que se tiene hasta que se lo pierde, le agrego y si no, siempre se le saca provecho.


No, mentira. ¡¡¡¡Por favor, quiero escuchar bien de una buena vez!!!!