miércoles, 2 de enero de 2013

Actitudómetro

Pensamiento volátil:



Han pasado ya unos miles de años desde que la humanidad existe, y a pesar de eso, no ha habido todavía signos de un ser (humano) perfecto, ni lo habrá nunca. El día en que todos nos pongamos de acuerdo en quién es mejor que otro, vamos a aborrecernos a nosotros mismos a total consciencia. Y eso podría pasar… ah, sí: NUNCA. Porque a) somos egocéntricos y b) es una cuestión taaaan subjetiva.



Desencadenante:



Hablando de Fulano, caímos en la cuenta de que es una persona noble, que siempre está ahí cuando lo necesitan. “La rueda de auxilio” lo apodaba en joda una de las que hablaban. Sin embargo, otro dijo que el mismo Fulano ha recibido ayuda de todo tipo cuando lo ha necesitado en diferentes situaciones. Remarqué el Sin embargo porque sentí que lo decía a modo de restar sus buenas acciones. Además, nombró muchos otros Fulanos que harían lo mismo si alguien lo precisase; algo más que común, sobre todo en estos días.


Acoplándose a lo anterior, otra se ataja de cualquier reproche diciendo que si no ayudó en lo mismo que Fulano es porque no tiene tanto tiempo como él.




Reflexión:



Por un lado, ¿qué tiene que ver que le hayan devuelto los favores, o viceversa, que los haga en devolución de otros recibidos antes? Por otro, no entra en esta conversación el factor tiempo, cuando alguien necesita ayuda. Pude recibir favores de gente que saca tiempo del que ya no le queda. También he sabido entender cuando las razones son sinceras al recibir un no como respuesta.


Por lo tanto, deberíamos usar el actitudómetro más seguido, y la buena nueva: IT’S FREE! A mi entender, la mejor manera de juzgar. 


Río arrecifes. Almuerzo otoñal en verano

lunes, 31 de diciembre de 2012

“estamos como en la Navidad de Europa casi” dijo mi viejo

domingo, 9 de diciembre de 2012

A oídos sordos, palabras necias


Cuántas veces habremos escuchado que no se valora lo que se tiene hasta que se lo pierde… Tampoco le prestamos atención a esta maldita frase hasta que nos falta algo. Asentimos con la cabeza mientras la pensamos y recordamos aquellos momentos felices en que todo era bonito y nos chupaba un huevo la frase. Antes que nada, no quiero que se hagan la cabeza pensando a quién o qué fue lo que perdí y que ahora se me ocurre valorar. No, no se me murió un familiar, no perdí un amigo, ni mi mamá dejó de hacer comida rica. Es, en cambio, algo más personal todavía. Una parte de mí que ahora está muerta, nula, rebelde, y lo he notado desde hace ya 10 días: mi oído derecho.


Creo que en alguna de mis publicaciones anteriores mencioné mi terror a quedarme ciega algún día. No es que sea propensa, pero uno se imagina cosas espantosas de vez en cuando para valorar recién ahí las maravillas de la vida.


PARÉNTESIS…


Paso a contarles, en pocas palabras, lo que ocurre con mi oído. En un primer momento pensé que era un simple tapón de cera (desagradable, pero ya me pasó una vez por mi obsesiva limpieza). Pero el otorrinolaringólogo me desasnó diciendo que tuve un resfrío que tapó de líquido el conducto BLA, BLA, BLA y mi oído interno no tiene aire. Eso produce mi sordera, por lo que escucho un 20% y el otro 80% lo supongo. Por lo tanto, mis respuestas no siempre entran en el cuadro de coherencia de la conversación.


…CIERRO PARÉNTESIS


Al principio me fastidiaba bastante el hecho de no escuchar bien o soportar el chiste fácil, ese de las muecas, como si yo no escuchara nada. Pero anoche me dí cuenta de que las carencias tienen un sabor más que interesante.


Como les decía, fue anoche que compartí una cena con -entre otros- gente que conozco hace años y con eso no quiero decir que me agraden. Dar vuelta la cara cuando paso por enfrente, evitar mi saludo y caras raras no están dentro de mi definición de simpatía. Por ende, que me den besos y abrazos en público entre charlas insípidas ignorando lo anterior, es mi definición de falsedad.


Mientras comíamos, las charlas se fueron opacando con el hambre de a poco saciado. Cerveza va, pionono viene, una petición salvaje aparece:


(Persona Falsa): -Me (palabras confusas)…?


(Yo): -¿Cómo?


(PF): -Que si me alcanzás el destapador (todos se voltearon tras ver un intercambio de palabras entre dos personas que se repelen)


(Y): -¡Ah, sí, tomá! Es que estoy sorda de este oído (señalando el derecho, y un poco sarcástica).


La PF se sintió intimidada tras mi pregunta, ya que no tenemos más trato que el obligatorio. Tal vez pensó que le estaba tomando el pelo, pero juro que fue espontáneo. Aunque pensándolo bien…


Haciendo una evaluación de la noche, lo bueno de esto es que si decían mi nombre entre murmullos, no lo escuchaba. Si me pedían que me parara para buscar bebidas, entre que me repetían, ya iba otro y yo zafaba. ¿Qué más puedo pedir?


La sordera me trae beneficios, aunque molesta.


Así que a la frase no se valora lo que se tiene hasta que se lo pierde, le agrego y si no, siempre se le saca provecho.


No, mentira. ¡¡¡¡Por favor, quiero escuchar bien de una buena vez!!!!

miércoles, 31 de octubre de 2012

Somos cómplices


¿Te gusta que te digan la verdad por más desagradable que sea, o preferís las mentiras utópicas a modo de parches? ¿Odiás a esa persona que le tocó la desgracia de darte la mala noticia, o agradecés de forma angustiosa que te haya sido sincero? Para ser un poco más clara, ¿sos cómplice de las mentiras aceptadas socialmente?


Si te interesa saber que prefiero yo, seguí leyendo. De lo contrario, podría decirse que hasta acá llegó mi gracia.


Antes de continuar, es necesario decirte que las mentiras no me gustan en ninguna de sus versiones. Ni las conocidas ni las disfrazadas, ni una. Obvio, ¿no? como si a alguien les gustaran. Sin embargo, debemos reconocer que muchas veces somos conscientes de una mentira, que se justifica por algo tan quemado como “el fin justifica los medios”.


Mentiras convenientes, camufladas con algunas verdades y palabras engolosinantes (*) nos hacen sentir parte de la sociedad, cuando sabemos que son nada menos que grandes… mentiras.


Pero, ¿qué pasa cuando cierta gente las crea a espaldas nuestras para su propio beneficio? Lo que a mí me pasa es que me siento excluída, sorprendida, usada, pero sobre todo engañada. Porque, claro, ¡me están mintiendo en la cara! y hasta que uno descubre la verdad de la milanesa, se hicieron atrocidades.


Sin embargo, prefiero eso a que mientan descaradamente. Es decir, sin disimulos ni preocupaciones. Me indigna demasiado saber que algo no es verdad, con muchas pruebas, y todavía así los mentirosos siguen con su labor.


Mentiras más, mentiras menos. Lo único que cambia, entonces, es que yo sea cómplice de ellas, o bien que sea su blanco fácil. Cualquiera de las dos posiciones son las más cómodas. Todavía hay una tercera: decir y aceptar la verdad.




(*) Creo que no existe esa palabra, pero en este blog está permitida.

martes, 30 de octubre de 2012

Shopaholics NO abstenerse

Vivimos en un mundo en el que las publicidades nos bombardean por todos lados. Nos traspasan todos los sentidos, ni la ropa se resiste. Llegan hasta lo más profundo de nuestras entrañas. Hacen una especie de violación a nuestro organismo, ya que no preguntan si estamos de acuerdo con la intromisión.


“Faaaaa, descubrió América esta chica”, dirán ustedes, y con justa razón. ¡Pero no se rían! ¿Acaso no saben que están las venas, las arterias y los “conductos publicitarios”?


Bueno, me pasé un poco… Es que a veces no se si reírme y seguir el jueguito enredante de la publicidad, o bien cambiar de canal (o pasar la página, o poner una radio con música…)


A ver, ¿cómo decirlo de una forma que suene no tan estúpida?


Señor cocinero pseudo francés de silueta más bien redondeada: no le voy a permitir que me diga con esa seguridad que Tofi o Águila son sabores, porque no lo son. Está demás que lo aclare, creo, pero son marcas. ¡Ambas de chocolate!


El siguiente caso que les voy a presentar, a aquellos que no lo conozcan, necesito que lo tomen en serio. Porque, créanlo o no, es una publicidad que se pasa a diario por muchos canales sin muestra alguna de vergüenza o intención subliminal. Me refiero a la que muestra abasto risas, emociones, delicias, gustos, miradas, charlas, marcas, colores, estilos, baños, olores, temperaturas, razas caninas, pedos, eructos, residuos, bolsas para los residuos y mucho más; todo eso en un solo lugar, super novedoso e inigualable como lo puede ser un…


PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR (tambores que generan intriga)


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UN POQUITO MÁS…


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YA CASI!


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Shopping.



Sí, esa misma reacción tuve yo cuando vi por primera vez la publicidad. Patético. O sea, no me jodan.


Y esto fue un poco lo que pienso acerca de la publicidad de hoy. ¡No generalizo! Hay muchas que están buenísimas, como esas que veo 7 veces y no me canso de reír, ya sea por su nivel de “bizarrismo” o ingenio.


Espero que compartan aunque sea un poco lo que pienso. Y si no, ¡váyanse a vivir a un shopping!