sábado, 5 de octubre de 2013

Poner un título es definir. Esto no merece título.

Todo es raro. Yo no sabía que ya me había dado cuenta antes. Intento pensar en otra cosa. ¡Otra cosa dije! Maldita la mente cuando se empecina en quedarse quieta. Maldita sea por hacerme acordar cosas que no quiero. Ya las pasé, para qué traerlas al hoy.
Todo es raro. No me gusta tanta rareza, por lo menos si yo no soy parte de ella. Quiero, pero no puedo. ¿Por qué todos pueden menos yo? Supongo que si sucede lo mismo con más de una persona, ya no es raro. Eso me coloca a mí sola en esa posición, entonces.
Qué bien se siente escribir en estos momentos. No puedo negar que esto es mi cable a tierra.
Hay cierta música que no me gustaría escuchar en estos momentos, esa que suena empalagosa. Me haría enojar, más de lo que ya estoy. Perdón, suena re mala onda esto. No es culpa de la música, pobre. Soy yo el tema acá. No me hagas repetir cosas como si fuera tonta. No me gusta repetir en vano, menos aun si es para demostrar algo que no tengo por qué demostrar. No soy tonta, simplemente no estoy bien. De hecho, estoy enojada. No con vos, no con la música, no con la felicidad ajena. Conmigo, yo soy el tema acá. Enojada hasta temblar, así estoy. Pero me alegro genuinamente por vos que no estás como yo. ¡En serio! Como siempre soy irónica, por ahí pensás que lo sigo así. Pero te digo en serio. Mi enojo no me impide sentirme bien por los demás. Supongo que eso es bueno. Pero no te preocupes, el tema soy yo.
Si estoy enojada con migo, ¿cómo pretendés que trate bien a los demás? Por ahí no es conocimiento común (contenta por todos, sin ironías prometido). Pero no puedo reírme si no tengo ganas. Me duelen los hoyuelos que se hacen a ambos costados de la boca. Espero que todos entiendan que no es con todos la cosa. El tema soy yo. No me puedo reír por lo que te dije, pero sí me pone contenta que no estés como yo.
¿Puede alguien sentirse tan estúpido hasta enojarse? ¿O es algo paralelo? Escribir me está sanando. No tiene nada que ver con la música esta vez. Es escribir, es ordenar los pensamientos, es asegurarse de que cuando lea todo esto una vez terminado, tenga sentido. ¿Hasta ahora estará teniendo sentido? Me lo estoy preguntando a mí misma. Si vos no entendés, no te preocupes. El tema soy yo. Con que me entienda yo, está todo más que bien; de hecho, estaría perfecto. Espero que no se lea como una partitura. Cuando la entendés está bueno. Pero vos sabés que yo ya me olvidé cómo se leía. Una cagada, porque en mi familia materna todos saben. Yo siempre me confié de mi oído, siempre me resultó suficiente para sacar un tema en el piano, como la Para Elisa. Si tengo un piano, la podría tocar, y eso porque la aprendí de oído. Si no, dudo que me salga todavía. Otra vez me acordé. ¡Maldita mente, basta!
Veo el muro como un pentagrama en perspectiva. La gente que pasa son las notas. La gente bajita, como yo, seríamos un Do. Me dio risa eso. ¡Soy un Do!

Es el momento decisivo: voy a leer. Ahora me siento valiente. Va a ser la prueba de que no estoy loca. A ver…

Yo me entendí… Es un buen comienzo. Si leés esto, estaría bueno que entiendas. Y si no, qué se le va a hacer. Ni que fuera necesario para mi vida. Me siento mejor. Amo las palabras. Podría llorar de emoción, son las únicas que me entienden en este momento. Mucho mejor.
Ya sé que dije la palabra “momento” muchas veces. No me trates de tonta, ya sé. Pero no tengo ganas de corregir, ya pasó. Después de todo, no escribí para que suene lindo. No tiene por qué sonar siempre todo lindo. Basta, otra vez la bronca.
Respiro profundo, hay un lindo día allá afuera.

jueves, 3 de octubre de 2013

La vereda desnivelada

Todo iba perfecto, como el agua que fluye naturalmente entre los surcos que se lo permiten. Mis pensamientos eran decididos, mi pulso también. Mi boca, mis brazos, mis pies y hasta mi pelo parecían moverse respondiendo a una narración externa a mi persona.
Siempre fantaseé con ser el personaje de una historia, en la que el autor se divierte de forma esporádica con mis tropiezos. Cuando considera que el lector siente lástima o hasta bronca de tantas pelotudeces por parte de una sola persona, me da un empujón. Ese mismo empujón que sentía. El clima podía variar, mis ojos podían verse cansados, mi letra, cada vez más deteriorada. No obstante, nada podía sacarme de ese estado similar a una ficción sin nudo. Todas las fallas estaban bajo mi control. Yo las había causado por ser la misma que las había permitido. Los silencios dicen mucho. Los baches en la vida también. No siempre son malos. De hecho, muchas veces son necesarios. Creí que todos los míos lo eran, por eso no le guardé un lugar a la aflicción.
Por si no estoy siendo transparente con mi apelación al entendimiento, hasta mis errores estaban en el guión de mis días. No estaban escritos, pero al parecer había dejado una columna titulada "imprevistos". Completé los espacios en blanco de manera corrida, sin interrupciones. No quería olvidarme de ningún problema. Es gratificante jactarse de problemas ya superados o actualmente padecidos. La coraza de valentía se refuerza y te podés golpear el dedo meñique del pie con la punta de la cama, pero te la bancás.
Ahora me doy cuenta que sigo siendo la misma incrédula de siempre. Me faltó completar el título con "...en realidad, bastante previsibles". De esta forma, todos los cuadros en blanco eran muy fáciles de completar.
Es increíble el poder de auto-engaño.
Cuando casi me convencía de ser alguien que nunca podría ser (ni yo, ni nadie, ya me di cuenta)... una baldosa que a la distancia pasaba desapercibida, era ahora el desnivel necesario. El tropiezo imprevisto.
Estaba ahí, como un grano solitario en la vereda para recordarme lo que creí dominar.
Es gracioso. Regularmente, me tropiezo en la calle por culpa de baldosas mal puestas o ausencia de ellas. Tras unos días de observación detallada del piso, vuelvo a mirar al cielo. Esta bueno, mientras hay tierra firme. Siempre olvido las otras variables.
Volví a tropezar y no digo mucho más. Solamente que me di cuenta que no estaba preparada para un imprevisto. No era el momento. No estaba dentro de mis imprevistos. Era demasiado imprevisto. Nadie me avisó nada. Tropecé. Me doy vuelta, nadie me vio. Sigo. ¡Qué lindas se ven las nubes!



martes, 20 de agosto de 2013

Mañana, tal vez

Me desvelé... cuando todos duermen. Hoy dormía mientras todos estaban seguramente en alguna plaza respirando aire puro a la luz del sol. Mismo sol  que me despertó cuando iluminó mi cara, porque ni siquiera había cerrado la ventana, ni la puerta. Salí a la vida cuando ya se escondía. Salieron los mosquitos porque hace calor, y hace calor en pleno invierno. Muy gracioso... Me pongo a escribir, siendo que tendría que estar leyendo, por lo menos para que valga la pena estar despierta. Es más fácil hacer lo que se quiere que lo que se debe. Será por eso que por lo segundo te pagan, y por lo primero no. Quién sabe... Pagamos por lo que nos gusta, pero que no queremos hacer. En vano se planifica, cuando todo va a ser cuando quiera ser. No tiene sentido estar despierta esperando una respuesta a la pregunta que nunca formulé, que nunca pagué, que no necesito. Necesito dejar de toser, por ejemplo. Debería replantearme mis gastos. Debería reformular mi pregunta. Cambiar el por qué por el para qué. El primero se remite a la razón, al origen, al motivo. El segundo, hacia dónde se va, no importa el origen, aunque lo predestina. Estoy despierta, probablemente, porque acabo de tomar un café, con la esperanza de respirar sin sentir una lija en mi garganta. Aunque no suele quitarme el sueño. Estoy despierta, para darme cuenta de algo que sabré mañana, tal vez.


jueves, 15 de agosto de 2013

Una página perdida de la auto-discrepante

Hace unos días leí “Sé como la persona que te gustaría conocer”. No me acuerdo dónde, pero seguramente en una de esas páginas que suelo leer, todas siempre con frases reflexivas y enriquecedoras. Una que otra, medio tonta; pero siempre alguna con más jugo.
Centrándome en lo que me trajo a escribir, les cuento que leí y releí esa frase porque veía que iba entendiéndola más (o menos).

Sé como la persona que te gustaría conocer
Tiene toda la razón…

Sé como la persona que te gustaría conocer
Suena lindo, pero no es tan fácil…

Sé como la persona que te gustaría conocer
No tiene sentido.

Todo depende de cuan seguro esté uno de cómo es y, por sobre todas las cosas, llevarlo con seguridad. Sin embargo, cuando eso no es así, podés conocerte tus mañas y decirle a todos “sabés que soy así” a modo de evitar reproches, y aun así seguir sin saber qué hacer con eso… con vos. Un constante desánimo te invade, amasado con la desgana porque, antes que nada, sabés que el mundo no va a dejar de girar. Te olvidás, y luego una pared sin puerta ni ventana te lo vuelve a recordar.
Por otro lado, me es inevitable creer algo que, por cierto, desde la semana pasada me estoy replanteando. ¿Realmente se puede cambiar nuestra forma de ser? ¿Es suficiente estar tan pero tan disgustado con cómo es uno que termina cambiando? ¿O es sólo un maquillaje a la personalidad? Es rápido, mejor que nada, pero con facilidad sale. {Odio cuando inventan metáforas baratas tipo Arjona, y creo que la de recién es un claro ejemplo. Disculpas.}
No es esto un pensamiento volátil. Un largo viaje me dio el tiempo de plantear lo que creía era un sinsentido.
Entonces, ¿se puede cambiar? Habría que conformarse con un poco de maquillaje.
Hacemos de este mundo uno mejor, hasta alivianamos la rutina de nuestro entorno. Sonrisita va, cumplidito viene. Unos conformistas totales.
Pero, ¿valdrá la pena? Al final del día llegarás a tu casa y mientras te estés bañando vas a recordar los pozos que saltaste (y cómo los zafaste!) para terminar a la noche encontrándote vos, con vos mismo.
Y si por fuerza mayor tuvieras que satisfacer al prójimo con una cálida sonrisa o con un comentario adecuado, te va a costar más que todo tu gran día. No es más que algo acartonadísimo.
Porque uno es como llegó al mundo, formándose con las cachetadas de la vida. No creo que seamos como una tabula rasa (en un momento había creído que sí); tampoco se puede volver atrás, no queda otra.
Qué incertidumbre, y qué triste la conclusión de que escribiendo no se soluciona todo.

Sé como la persona que te gustaría conocer
No sé si me quisiera cruzar por la calle. Pero de algo estoy segura: no quisiera conocer a la que no soy y nunca seré.


martes, 13 de agosto de 2013

Estigmatizados

¡Qué desgracia, Rosario! ¡Les pasa de todo! ¿Les pasa de todo?

La semana pasada nos conmovió a todos los argentinos un hecho tristísimo, una tragedia con todas las letras. Pero el azar de desgracias no se conformó.
Ya que todos los medios nacionales estaban con los ojos puestos en una ciudad que todavía no podía reponerse de tan inesperado hecho, le pareció oportuno (al azar) permitir la desgracia de otras dos muertes en un parque de diversiones.
Ayer, en la página principal de TN, daban la primicia de un accidente sobre ruta 18, según ellos, en Rosario. Si no fuera porque seguí leyendo, lo hubiera creído. Era a 40 km de la ciudad, cerca de la localidad de Cuatro Esquinas.
Hace un rato, un camión cargado de combustible perdió el control y volcó… también en Rosario.

“ROSARIO.- Otra explosión. Otro incendio. Todo en Rosario, ante una sociedad sensibilizada por las recientes tragedias (...)”, puede leerse en La Nación.

Me parece demasiado. Demasiado sensacionalista todo. Demasiado macabro jugar con la sensibilidad.
¿Un accidente de tránsito? En Panamericana hay muchos los días de semana. Sería la ciudad más meada por los elefantes.

No pasa TODO en Rosario. Todo lo que pasa en Rosario está siendo transmitido las 24 horas del día por medios nacionales, ahora.
No los estigmaticen.

Aclaro: esta reflexión está lejos de ser simpatizante de un medio en especial. De hecho, me informo bastante con los mencionados. Pero ninguno escapó al vicio.

lunes, 12 de agosto de 2013

Barderitos somos todos

Como si mis pensamientos se volaran cual polvo en… cualquier lado?... es que escribo hoy. Porque si no lo escribo, no me voy a olvidar, pero sí se va a mezclar en mi ya licuada mente.
Creo que lo que siento en este momento es indignación. En vano nos jactamos de decir lo correcto al pensar que este gobierno nos divide en dos: Ellos y los otros, los vendepatria, los extranjeros (llegué a leer por ahí…), los “nosotros”; los que no nos sentimos representados por nadie, porque todos terminan mostrando la hilacha.
Debo confesar que, si bien no me termina de cerrar este muchacho Massa, con su campaña poco creativa, sentí que muchos argentinos habíamos entendido para dónde NO debe ir nuestro país, lugar al que precisamente estamos yendo.*
Cartelitos pedorros pero muchos de ellos certeros, invadieron las redes sociales desde temprano. Y la euforia de algunos crecía a medida que la jornada arribaba a las 21 de ayer.
Véase:



Al principio me pareció algo gracioso y un poco merecido. Pero esta mañana, leyendo los inevitables comentarios en algunos diarios digitales, me di cuenta que Argentina sigue y seguirá por mucho tiempo más siendo un país dividido entre ellos y los otros.
Y eso, para serles sincera, no me alegra. Sirve para juntarse en patota y criticar de arriba abajo lo que no se está haciendo y lo que, remitiéndose a las pruebas, no está en los planes K. (Y con planes me refiero a su modelo, no a los planes sociales).
Pero, resumiendo, no entiendo que haya algo que festejar o algo que poner al ridículo con las PASO. ¿Queremos que el país deje de resquebrajarse en 2? ¿O simplemente nos alimentamos el ego masivo con la “derrota” de otro?
Alegría porque el muchacho +a tuvo más votos que Insaurralde en la provincia de Buenos Aires. ¿Pero será mejor que lo anterior?
No aprendemos más.

*Para quien no sepa hacia dónde estaríamos yendo –según mi poco instruida persona- pueden leer otras entradas más antiguas, dentro de este blog, en las que claramente me expreso.