martes, 21 de mayo de 2013

Lo inevitable


El agua corre sin dudar un momento, porque sabe que su maldición es ser escurridiza por naturaleza. Con los ojos cerrados recorre lugares cautivantes, porque sabe que cada despedida es más dolorosa aún.
Las aspas del molino no tienen descanso, porque bien conocen que éste las atrofia y hace obsoletas. La monotonía les da un vértigo mortal. Girando reviven.
Las alas saben que cuentan con el encanto que los humanos tanto anhelamos, y dicen las malas lenguas que un leve regocijo invade sus articulaciones cuando un niño las quiere adoptar.
Las ramas de los arboles flotan tranquilas en el aire, porque saben que una raíz las mantiene en la tierra. Incrédulas ellas, no saben que a la tierra no la sostiene nadie.
Las bocas no dejan de moverse para no cortar el eco que alguna vez, en un remoto lugar y lejanísimo momento, alguien provocó con el primer balbuceo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Lo matinal

No sé si a ustedes les pasa, pero por lo menos yo me acuerdo de lo que soñé a la noche durante el desayuno. Y hoy no fue la excepción.


Mientras miraba un punto fijo (creo que la cortina, porque me siento siempre en el mismo lugar) y tomaba el primer trago de café, tuve esa famosa racha de luz. Apenas pude terminar de armar la escena ordenadamente en mi mente, me sorprendí tanto que tengo que escribirlo.


Como ya he contado en otra oportunidad*, me siento mal cuando al despertar me doy cuenta de que cometí un pseudo asesinato. Sin embargo, hoy no puedo decir lo mismo. Paso a contarles brevemente la no-pesadilla (porque al final, no fue una pesadilla… ya saben).


Resulta que llego a lo que creo era mi casa y pregunto por la persona. Alguien me responde, con la voz un poco afectada por la sorpresa, que esa persona no. “¿No qué?”, insistí en saber. “Que no… que murió. No te quisimos decir”. Acto seguido, yo acomodo una silla y ¡fin del sueño!


No sentí remordimiento ni durante el sueño, ni al recordarlo. ¿Extraño, no? No es que le desee la muerte, ni tenga odio acumulado; tampoco tenía a esa persona en mente en las últimas horas. Y, no obstante, ese sentimiento en el sueño es muy parecido a lo que esta misma, desde hace un tiempo,me forzó a tener.


http://rachasdeluz.tumblr.com/post/32808843376/conclusionesnocturnas 

jueves, 16 de mayo de 2013

Ventana de por medio

Hoy escribo porque me siento mal. Y me siento mal porque creo que estoy usando a alguien. A ese alguien le pido perdón, ya que recién esta mañana me di cuenta de mi descarado gesto. Ver a dos personas hablando en el medio de la calle y no en la vereda fue un momento de lucidez extrema.


Le pido disculpas al Sol, bola de fuego que me irrita en verano cuando me agarra desprevenida y no tengo un árbol en vista. Me arrepiento de haber dicho con tanta soltura que los días de lluvia me hacen felices al empatizar con mis pensamientos; porque lo que indirectamente doy a entender es que entre nosotros no nos acompañamos.


Sin embargo, esta mañana vi a estas dos personas hablando muy tranquilas prácticamente entre el paso de los autos, porque la sombra les congelaba hasta las pestañas. Ahí lo entendí todo.


Me siento abusiva de la amabilidad desinteresada del Sol que, ventana de por medio, tiene que lidiar con el otoño porque sacó a relucir sus celos con una bocanada de frío que hasta duele. 


Le pido perdón, entonces, a este ente que me acaricia religiosamente todos los días y yo me doy el lujo de ni siquiera percatarme. 

martes, 14 de mayo de 2013

Nadie tira la primera piedra

Una mujer insiste en hundirse en un mar de intrincados pensamientos, causa de una duda que no la deja vivir en paz: “¿estaré volviéndome loca?”, le pregunta una y otra vez a cualquiera que se cruce, no queriendo convencerse de su incomprensión. Viéndose cara a cara con algo que siempre había visto desde niña como tan lejano, siente que no hay vuelta atrás; y de alguna manera se siente dueña de un sentimiento que pocos se animan disfrutar.


“A esta le falla”, dicen entre risas sarcásticas por ahí. Sin embargo, esta mujer es, a mi criterio, más coherente que todos ellos juntos.


Todo es loco, todos estamos locos. Le echamos la culpa a la vorágine de situaciones que sobrepasan nuestro entendimiento, al estrés que eso causa, al ruido que hacen los albañiles a las 7 de la mañana, al olor a quemado que sale de la casa del vecino al quemar basura… Hasta a nuestros padres, burros de carga que llevan consigo una pesada mochila de genes y características que, traspapelados entre archivos para el trámite del milagro de la vida, se atreven a invadir nuestro ser. ¡Cualquier cosa sirve para fundamentar nuestra locura! Como si eso pudiera librarnos de la calificación.


Si una persona perfuma el aire de amor, es pegajoso; si está feliz, sufre de euforia, por lo tanto tiene en la frente una gran etiqueta: LOCA.


El loco no le teme a la creatividad ni al absurdo


¿Será culpa de alguien? Si es de todos, entonces no es de nadie. Sabemos lo ridículo que esto suena. Por eso, tenemos esa facilidad de enfocar en una sola persona o momento de la vida el origen de nuestros patitos revoloteando por doquier.


Cuestionar la propia cordura es, ante todo, una señal de cordura. Quien crea que no está loco, no sólo tiene poca capacidad de autocrítica, también corre el riesgo de pertenecer a la gran –y equivocada- manada de los auto-suficientes.


Después de todo, ¿quién es apto de declarar como loco a otro?


Como bien decía Dalí, “La única diferencia entre un loco y yo es que el loco cree que no lo está, mientras yo sé que lo estoy.”


En otras palabras, a todos nos falta un golpe de horno y podemos tomar 2 posturas frente a esto: la risa o el trastorno.

martes, 23 de abril de 2013

¿Naturaleza, sos vos?

¿Qué es eso? ¿Alguien puede decirme qué es? ¿Serían tan amables de decirme que no soy la única persona en este cuarto que lo escucha? ¿Y esa luz? ¿No les encandila? ¿Y pueden seguir con su tarea cuando abunda este penetrante aroma? ¿Me pueden escuchar a mí, al menos? ¿Es que no se dan cuenta? ¿Cómo puede para mí ser algo tan obvio y a la vez llamativo, y para ustedes pasar desapercibido? ¿Les parece gracioso ignorar? ¿No saben que a pesar de darle la espalda a algo, ese “algo” no deja de estar ahí, latente? ¿Dieron las gracias por ignorar que ignoran? ¿Dieron las gracias por existir? ¿Sabrán, en un futuro, que ese mismo vacío  que están haciendo los vaciará después?


Bueno, eso fue el resultado de una consigna que se nos dio anoche en el taller literario. La interrogación tenía que ser la columna vertebral del texto y, sí… yo me lo tomé demasiado en serio y escribí el título en forma de pregunta también. Porque tranquilamente podría no haberlo hecho, y aún así tener casi el mismo sentido. Es que me gustan las preguntas retóricas. Creo que no puedo decir nada en mi defensa. ¡Estaba en mi salsa! El título original era “¿Naturaleza, estás ahí?”, pero fue inevitable que me remitiera al libro de Paenza.

miércoles, 17 de abril de 2013

Consciencias carcomidas abstenerse

Decir que creo en el destino, es decir que estoy convencida de que absolutamente todo está ya escrito (o pautado, o pensado…). ¡No hay margen de error! Todo lo que hacemos, incluso las cagadas, están dentro del plan. ¿O no?


Por suerte, FilosoRaptor me entiende:




Un flaco que esté terminando su carrera de ingeniería en no sé qué, terminó destruido después de todos los finales y vivió situaciones vomitivas durante la defensa y espera del resultado su de tesis. Pero terminó la carrera porque tenía que ser así.


¡Teoría aplicable también a las desgracias! No quiero dar ningún ejemplo en este caso para no ofender a nadie.


A mi entender, esa es una postura cómoda. Y como de costumbre, lo cómodo me hace sentir incómoda. ¿O “incompleta” será una palabra más adecuada? No quiero que suene como una paradoja tonta. Mi sensación es que se ha hecho de la palabra “destino” toda una fuente de sucesos demasiado intrincados como para perder el tiempo encontrando su raíz. También están los casos en que la explicación no nos convence, no nos place, es un tanto insípida y poco hollywoodesca. Entonces ahí entra el destino. Otra vez.


Mierda. Quisiera tener un diccionario a mano. Siempre me gusta cuando se arman debates sobre el significado de una palabra y de repente uno abre el mataburros y dice “nujbefbrfhreuig”. Bueno, quiero decir que nos calla a todos con la idea más simple del mundo. Y con “simple” me refiero a que capta la esencia del término. Porque simple… lo que se dice “simple”, es la idea de que estamos en manos del destino. Pero ese no es simple-esencial. Es simple-cómodo. (*)


Perdón por ser tan milimétrica en algunas ideas. Es que mi estado de comodidad es cuando siento culpa y/o responsabilidad por algo. Sería como sentir que el so-called destino me toca el hombro con el dedo índice repetidas veces. Me estaría avisando que estoy a punto de provocar un hecho que más tarde se lo van a atribuir a él. “No hay problema, destino. Cuando quieras.”



(*) Acá encontré la definición de destino según WordReference.


1. m. Fuerza desconocida de la que se cree que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos.


2. Desarrollo de los acontecimientos que se considera irremediable y no se puede cambiar.



Un poco más aceptable en la sociedad. ¡Ni tan distinta a la mía! ¡Hmm!